lunes, 26 de septiembre de 2016

El turno del "no me gusta"

En la tónica de otra entrada, es hora ya de hacer una lista de algunas cosas que no me gustan: 
  • Odio los gritos, no me gusta la agresividad, la forma en que la saliva sale escupida violentamente de las bocas enfadadas que chillan pretendiendo hacer daño.
  • Las hojas en blanco que no soy capaz de llenar porque mi mente se bloquea y no fluyen las palabras.
  • La frustración de no haber hecho todo lo que quería al final del día, la sensación de haber perdido tiempo.
  • El abandono emocional, el sentirme y saberme sola cuando más necesito tener a alguien.
  • Que F. me reproche que no nos vemos nunca, que no hablamos y que cuando lo hacemos es para discutir. No es que no me guste, es que me da rabia, porque F. no llama nunca tampoco, no inicia la conversación y no aprovecha las ocasiones que tenemos sino para seguir echando mierda.
  • Que mi amiga S. intente siempre unirme a sus planes a pesar de haber quedado conmigo primero. Siempre que la llamo para vernos accede y, a última hora, se le pisa con otro plan e intenta que me una. S., tengo que decirte una cosa, mi amiga eres tú, no los demás con los que intentas juntarme.
  • No me gusta cómo están tratando a J. en el trabajo. Le pagan mal, lo hacen sentir miserable, lo tienen hasta última hora esperando para saber el planning de trabajo y, encima, lo hacen sentir responsable de todo lo que sale mal.
  • Me siento mal cuando me olvido lo mismo una y otra vez sin avanzar. El paraguas en el trabajo, de comprar el pan en el supermercado, de bajar la basura… De todo me acuerdo tarde: cuando ya he llegado a casa o cuando estoy en pijama en la cama.
  • No me gusta tener que barrer la casa a diario porque las gatas se quedan calvas. Pero lo que peor llevo son esos pelusones que se acumulan bajo las puertas y que no ves, pero que, si enciendes el ventilador o abres la ventana, salen de golpe ocupando todo el pasillo.
  • Cuando A.M. desprecia a los demás o intenta ser más que nadie humillándolos con su actitud y tratándolos con desdén. Como aquel día que T. le quiso dar una opinión y la mandó a callar delante de todos mientras le giraba la cara y continuaba a lo suyo.
  • No me gusta trabajar de mañana y llegar cerca de las 5 a casa para tener que ponerme a fregar, recoger la casa y preparar para el día siguiente.
  • Me hace sentir mal cobrar el sueldo, que pasen 10 días y ya no me quede nada para gastar en cosas que no sean obligatorias. Eso lo llevo muy mal. Siempre creí que al crecer tendría muchos más ahorros y lo único que he conseguido son muchas más facturas que pagar xDD
  • El gotelé. El gotelé irregular de las paredes de mi casa me hace enfermar. Es antiestético, anticuado y da un aspecto de sucia a la casa que no consigo quitarle ni fregando con amoníaco las paredes.
  • No me gusta que en mi cocina no tengamos lavavajillas. He llegado incluso a plantearme comprar uno de los pequeños, de esos de media carga, porque estar en un piso de alquiler me limita, pero tengo espacio para ponerlo.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Pequeños terremotos

Hace varias semanas me llegó un correo electrónico a mi dirección principal, donde recibo los correos supermegaimportantes relacionados con facturas, impuestos, trabajo y estudios. Mi nivel de importancia es que es insuperable, vamos.

Total, que me llegó un correo de una marca de cosmética muy conocida donde una mujer me comentaba que estaban interesados en mí porque conocían mi perfil y tenían un puesto disponible. Luego me enteré de que el puesto era de encargada de tienda, ya que van a abrir una aquí en mi ciudad en las próximas semanas. Le contesté a la señora poniéndole mi dirección de LinkedIn y mi número de teléfono. A día de hoy no se ha vuelto a poner en contacto conmigo y no creo que a estas alturas lo hagan, pero en aquel momento me sentí un poquito importante. 

Hace dos días una amiga me informó de una oferta de empleo en la que buscaban a alguien como yo, para un puesto precioso de intervención comunitaria. ¿Problemas? Es a media jornada, mientras que ahora estoy a jornada completa. Tengo que estar entre tres provincias con el coche (supongo yo que el transporte no me lo pagan), me pagan la mitad de lo que ahora mismo gano y además es sólo para 5 meses.

En menos de un mes se me han movido un poquito los cimientos. Es cierto que mi trabajo me ENCANTA (sólo hay una pega y no puedo eliminarla), que estoy cómoda, soy indefinida, tengo responsabilidad, me siento valorada y me permite hacer otras cosas en la vida más allá de sólo trabajar. Esto es muy importante porque, a veces, en lo social es muy difícil equilibrar vida personal y laboral. Ahora mismo me tiene que compensar mucho otro trabajo para que quiera dejar el mío, pero eso no quita para que la última oferta me haya hecho un poco de tilín. 
Sería un trabajo genial y bonito, pero 5 meses no me dan la estabilidad necesaria ahora mismo. Bueno, ahora mismo, como si 5 meses dieran estabilidad en algún momento...

Esto me ha servido para darme cuenta que hay vida después de mi trabajo, que si alguna vez me falta es posible encontrar algo (mejor o peor). Que ya lo sabía, porque tengo la suerte de haber estado desempleada muy poco tiempo, pero a veces se me olvida. Además, si alguna vez mi empleo me hace infeliz, puedo agarrarme a estos pequeños rayitos de luz para seguir avanzando.

El otro día me preguntaron si me he arrepentido de haber dejado mi anterior trabajo. Fue muy fácil contestar: no, echo de menos muchas cosas, pero no me arrepiento y no volvería. Trabajar con menores y familias en riesgo de exclusión durante tantos años y no avanzar absolutamente nada en la vida ni en el desarrollo de mi profesión a pesar de currar como nadie me ha hecho reticente a aceptar ese tipo de trabajos. No, no aceptaría el trabajo precioso en el que te explotan a media jornada y te pagan lo mínimo mientras tienes que sacar tiempo y dinero para atender a población de tres provincias diferentes. Porque no es digno para mí, pero tampoco para ellos. Porque ninguna comunidad es tan poco importante como para que sólo te atienda un día en semana una profesional que además se siente desbordada por la cantidad de trabajo que se le acumula por no tener más horas de contrato. 
Al final esos proyectos no obtienen los resultados que deberían porque no se destina a ellos los recursos necesarios. Una verdadera pena. 

En fin, que todo esto me ha venido bien para reafirmarme en muchas de las cosas que ahora mismo pienso y también para abrir un poco más la mente hacia ciertas ofertas que puedan ir surgiendo. De hecho desde entonces he vuelto a retocar mi CV y a remirar otras posibilidades...


martes, 20 de septiembre de 2016

Interesada

He recuperado, casi por prescripción médica, el interés por muchas cosas que creía perdido.
He recuperado el mirar hacia dentro de mí y sacar fuera lo necesario. También pedir, expresar, compartir y delegar, son acciones en las que he estado trabajando estos meses.
Ahora que por fin todo está volviendo a su sitio, me siento más fuerte que nunca para acercarme sin miedos a todo aquello que me llama desde siempre.

Estoy, después de años, más interesada que nunca en seguir escribiendo. Esto me ha llevado a buscar, no sólo clubes de lectura en mi ciudad, sino talleres de escritura creativa. Pero tengo un pequeño problema con el que no conté cuando todas las ideas empezaron a agolparse en mi cabeza y en mis tripas: el horario.

Mi horario laboral es inestable. Normalmente no suelo quejarme porque evita que me aburra de hacer siempre lo mismo. Estar una semana de mañana y la siguiente de tarde hace que me distribuya el tiempo de manera diferente, que pueda equilibrar mejor el ocio y las obligaciones y que el tiempo que paso trabajando se me pase más rápido que si sólo estuviese en un turno.

¿Cuál es el problema? La rotación de turnos me impide apuntarme a cualquier cosa que tenga horario fijo. Todos los clubes de lectura, las academias que me han interesado y los talleres de escritura tienen horario fijo donde pertenecer a un grupo te excluye de poder cambiar a otro. O rotar según mi horario.

Como no me quiero dar por vencida y que se me pase el impulso, he estado buscando también cursos que se impartan online, pero no me ha quedado muy claro el asunto. Las reseñas negativas y positivas están casi igualadas y lo cierto es que no sé qué hacer. Ya he comprobado que "hacerlo sola" no se adapta a mi carácter y a mis ritmos, pero tampoco quiero meterme en algo que me cueste el dinero para nada. 

En fin, que en esas estamos. 
¿Habéis hecho alguna vez un curso asistencial u online? ¿Qué tal os ha ido? ¿Qué recomendáis?
Realmente si pudierais aconsejarme os lo agradecería poniéndoos un piso imaginario donde me pidáis =)                                                                                                                         

lunes, 19 de septiembre de 2016

Un "me gusta" aleatorio

Hoy he pensado en 15 cosas que me gustan sin poner freno y, bueno, esto ha sido lo que ha salido: 
  • La primera lágrima de una mañana de invierno, que nace caliente y se va congelando tal como cae por la mejilla, mientras estoy aún en la cama.
  • El olor de las fresas frescas cuando llevan un par de minutos fuera de la nevera y todavía no hay ninguna que empieza a echarse a perder.
  • La risa explosiva de mi compañera A., que cierra los ojos al soltar la carcajada y suelta un sonido fuerte y ronco desde la garganta.
  • La forma en que I. me lee la mente y termina mis frases entre risitas adolescentes.
  • Que los cítricos me hagan salivar de forma incontrolable, aunque sepa que no soporto su acidez, de la misma forma que no soporto el picante.
  • Me gusta que mi abuela me de besos mientras me abraza y siento su piel suave contra la mía. Sus besos no son sonoros y apenas acaba de animarse a dármelos.
  • Jugar a videojuegos imaginando que aún estoy estudiando en la Universidad, sin darle importancia al tiempo y como si mañana no tuviese responsabilidades.
  • Hablar de literatura con D., que es mi yo de hace diez años pero con el doble de madurez y pensar en la suerte que tengo de haber encontrado a alguien como ella y en cómo me hubiera gustado tenerla hace algunos años.
  • La forma de andar de mi amiga Á., con su contonear coqueto e involuntario. Á. mece su cuerpo al caminar y ni siquiera es consciente del efecto mariposa que puede desencadenar.
  • Los diferentes acentos en inglés que escucho a diario. Me resulta curioso, supongo que como le resultará a un inglés la cantidad de acentos que podemos tener los hispanoparlantes.
  • Que la casa esté ordenada, aunque no me guste ordenarla. Una casa ordenada es una casa que se mantiene limpia durante mucho más tiempo, y el orden y la limpieza mantienen en forma también mi mente.
  • Mirar la estantería de mis libros diariamente y buscar, como buena obsesa, una mejor forma de ordenarlos.
  • Salir a cenar con mi familia nuclear, quizá porque es algo que ya no ocurre casi nunca. O quizá porque comer con ellos en casa es algo mucho más rutinario y cada uno hace lo que quiere mientras tanto; mirar la tele, el móvil o pensar en sus propias cosas.
  • Empezar a leer las revistas por la última página. Las revistas, los catálogos de propaganda o los folletos del Media Markt. Da igual, me gusta empezarlos por detrás.
  • Habla con J. mientras me ducho. Así es el nivel de intimidad de esta casa. La ducha debe darme verborrea, porque parece ser que es cuando más cosas tenemos que decirnos. 

domingo, 18 de septiembre de 2016

Las mujeres que no soy

Siempre he querido ser cosas que no soy. Bueno, siempre he querido ser personas que no soy. Mujeres. 
A lo mejor nos pasa a todos, no lo sé, pero yo siempre he imaginado que haría cosas que no hago. Desde toda la vida.

Hace años si pensaba en el futuro me veía en zapatos de tacón, con faldas, más delgada y arreglada a diario, porque trabajaba en una empresa que me permitía arreglarme a diario. Con un horario cómodo (L-V de 8 a 3) y ganando el suficiente dinero como para ser independiente.
Luego comprendí que no soy capaz de andar en zapatos de tacón, que me molestan y que esa ropa en realidad no me haría feliz. El horario sí, el horario lo sigo queriendo.



Me he soñado a menudo siendo una mujer que vive sola, en un apartamento pequeño pero cuqui, decorado con estilo pero sin moñerías, en el centro de la ciudad. Eso sí, con aparcamiento, a ver si os creéis que mi coche se pliega y me lo subo al piso. En ese apartamento tendría reuniones, citas, invitaría a mis familiares y amigos, dedicaría mucho tiempo a la cocina y a mis hobbies... Por supuesto estaría siempre impecable. No sé, mi imaginación debe crear siempre una persona que me arregla la casa y me friega los platos.
Y, claro, sería tan guay que estaría ligando todo el rato. Es así.



Hay días que he pensado que estaría bien ser una mujer creativa. Pintar, escribir y fotografiar, trabajando para mí misma y publicando lo que quiero y donde quiero. A ver, son sueños, no voy a trabajar para ningún tirano. Haría lo que me gusta y cuando me apetezca y, por supuesto, tendría muchísimo talento. Sería un cliché (otro), una mujer con gafas, pelo largo ondulado con raya en medio y ropa cómoda y versátil. O una mujer exótica, de complicada belleza y extraño carácter.

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También me veo de doctora. Doctora, de estudiar el doctorado, no de carrera de medicina. No pararía de investigar mi verdadera pasión, dedicaría mi vida al trabajo y al estudio. Esto no es incompatible con la mujer que vive sola. Vivir sola es algo que siempre he querido hacer, pero nunca he hecho. Es cierto que vivo sin mis padres desde los 18, pero siempre he compartido piso. Primero con amigas y ahora con pareja. Mi "yo doctora" no compartiría piso tampoco. A lo mejor ha estado tan ocupada con una faceta de su vida que se ha olvidado de las otras.

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Envidio a esas mujeres que viajan solas, que lo hacen todo solas. Pero no están solas, es que simplemente no necesitan a nadie para hacerlo todo. Arreglan sus papeles, sus cuentas, sus facturas, sus visitas médicas... Solas. Y pueden ir al cine y a los teatros a menudo solas. Y viajan solas. Viajar sola debe ser algo maravilloso.

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Admiro, sobre todo, a las que hacen lo que les apetece en cada momento. A las que suben vídeos, a las que escriben sin miedo a que las lean, a las que cantan en voz alta mientras las escuchan... Porque todas esas mujeres en la intimidad soy yo, pero en público siempre son otras.

Me gustaría ser una mujer constante, de facilidad de palabra y don de gentes. Me emboban las que cautivan al público, las ponentes, las que pasean su carisma, las simpáticas a las que la gente recuerda y siempre vienen a buscar.
También me gustaría ser elocuente, sarcástica, pragmática y atrevida.
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Pero no soy ninguna de esas mujeres, esa es la verdad. 
No soy independiente (no tanto como me gustaría), ni tengo don de palabras, ni soy constante, ni atrevida, ni tengo carisma y seguridad. Soy otras muchas cosas, pero no esas mujeres. 
Supongo que todos tenemos idealizados diferentes roles que asumimos a diferentes personas, y supongo también que todos anhelamos aquello que no tenemos, que nos falta y que creemos que nos completaría. Pero, no sé, me ha dado por pensar que a lo mejor ya estoy completa tal y como soy.
Compartiendo piso, necesitando ayuda, siendo poco "femenina" y menos creativa de lo que me gustaría. A lo mejor ya estoy completa lo que pasa es que no soy capaz de ver todas mis partes.

Igual incluso a alguien le parezco un modelo de mujer. Igual existe alguien que piensa que le gustaría ser como yo, de la misma forma que a mí me gustaría ser como todas las demás. A lo mejor es que tenemos el foco mal puesto y debemos redirigirlo hacia nosotros mismos. 



jueves, 15 de septiembre de 2016

El tiempo libre maldito

Hola, vengo a quejarme. A quejarme mucho.

Ay, de verdad, no pretendo ser aquí la sombra negra de la tristeza, ni un dementor emocional, pero es que a veces lo necesito.

Mi pareja es autónomo. Así, a modo de confesión.
Desde hace más de año y medio está pagando rigurosamente su sello, su gestoría, su IVA y su IRPF. Dado el poco volumen de trabajo que normalmente suele tener ya os podéis imaginar la cuantía de beneficios de la que disfruta. Poco, poco. Para pagar cuatro gastos y ya. Afortunadamente está mi sueldo y mi estabilidad (quién lo iba a decir hace un par de años), pero eso no soluciona otros problemas que puedan surgir de esta situación.

Todo el mundo conoce a un autónomo, así que ya sabéis de lo que hablo. Imaginaos qué bonito es cuando hace un trabajo en marzo y no le pagan hasta junio. Vamos, que sí, que tengo estabilidad y demás, pero es que no se puede planificar un presupuesto y al final seguimos yendo bastante justitos para todo.

Pero este no es el mayor problema del que vengo a quejarme hoy. Yo he venido aquí a hablar de mi libro y punto. Mi problema hoy es: MI tiempo libre.
Sé que él lo está pasando mal por la inestabilidad laboral, por la frustración, por la inversión que se hace en estos casos, por el poco margen de beneficio, porque se siente inútil y completamente prescindible, porque cree que las cosas no van a ir bien y que no saldrá adelante con su "negocio"... Y, claro, yo no quiero alimentar eso ni bajarle los pocos ánimos que le quedan. 

PERO
PERO
PERO

Sucede una cosa... Cada vez que yo tengo unos días libres, él tiene trabajo. Y lleva siendo así desde hace más de un año con excepción del pasado febrero (que al final poco pudimos hacer porque llovió lo más grande en sólo una semana).
¿Que tengo un único fin de semana libre en todo el verano? A él lo avisan dos días antes para trabajar.
¿Que tenemos dos días reservados porque son bodas de amigos? El señor que lo llama para trabajar se olvida y lo avisa porque salen dos eventos.
¿Que tengo las vacaciones la primera semana de agosto? A última hora sale una grabación importante para un lunes. Luego la retrasan al martes. El mismo martes al miércoles. Y así ad eternum.
¿Que mi última semana de vacaciones es en septiembre para coger fuerzas de cara a navidad? Pues, a pesar de haber preguntado con antelación hasta HOY no le dicen que tiene que trabajar justo esa semana.

Bastante poco trabajo tiene como para ir diciendo que no a estos proyectos. El problema es que no puedo planear nada. Nada. Por muy barato que sea, por muy poco que implique, si al final me falta la compañía el resultado es que me acabo quedando sin vacaciones. Claro, no quiero presionarle porque realmente necesita ese trabajo y ese dinero pero es que me tiene harta la situación.
El tío con el que normalmente trabaja es un cacique egoísta y rata que no le paga lo que se merece, que cuenta con él sólo para cuando le conviene y que encima lo trata fatal. Luego siempre tiene pendientes por ahí otros trabajos que van saliendo (o no, muy a menudo también) pero que no le dan la suficiente estabilidad como para mandar al explotador al carajo, que es donde debería mandarlo.

Es cierto que este año tiene más trabajo que el pasado, que en 2015 tuvo más trabajo que en 2014... Pero sigue sin ser suficiente. Él se desmotiva, tiene crisis de autoestima y ansiedad brutales y acabo siendo yo la que carga con el peso económico y, muchas veces también, con el de la toma de decisiones. En fin, que ser autónomo es una mierda en este país ya lo sabíamos, lo que no se cuenta es como muchas veces afecta psicológicamente a las familias.

Hay días en los que se envalentona y se promete que el año que viene no trabajará con él, que no está dispuesto, que exigirá más. Y lo hace, pero poco le dura, porque no ha sido capaz de encontrar otra cosa o porque no tiene proyectos propios tan a menudo. Conste que yo respeto sus horas, sé que a veces tiene que llegar de madrugada y volverse a ir temprano. Entiendo que haya semanas que no duerma en casa. En épocas de romerías, elecciones y fiestas populares la cosa se complica. Todo eso lo entiendo, forma parte del trabajo y hay que ir adaptándose. Pero con lo que no puedo es con que al final me toquen el poco tiempo libre que tengo. A mí me da igual disfrutar un domingo que un martes con él, ya he aprendido a que los momentos especiales hay que construirlos y aprovecharlos tal y como vengan. Lo que no soporto es que me priven de esos momentos, no tener ni oportunidad de aprovecharlos.

Este mes toca pagar el IVA y todavía está esperando pagos que deberían haberse hecho a principios de julio. Así ¿cómo va alguien a poder hacer ningún plan?
Los que tengáis tiempo libre y podáis disfrutarlo mínimamente, hacedlo, por favor. Como sea, inventaos la vida y las risas. Cuando el tiempo libre es demasiado y además no se puede disfrutar es una verdadera mierda. 

martes, 13 de septiembre de 2016

Algunos libros que me cambiaron la vida

Varios meses después traigo esta especie de tag que se puso de moda en mi parón interminable. 
Al final casi sin querer han salido 10, pero ya os digo que ha sido purita casualidad porque no he ido pensando en ningún número en concreto. De hecho de todos los elegidos hay alguno por ahí que me ha marcado para mal.

La cosa es que, como siempre, se lo vi a Bettie y luego a alguien más. Después YT me condujo hasta algunos vídeos y, por fin, me he decidido a hacer el mío. Supongo que alguno se me habrá quedado fuera y que cuando termine de hacerlo me vendrán a la mente algunos más, pero allá vamos.


  • El maravilloso mago de Oz, de L. Frank Baum. 

Es el primer libro que recuerdo haber sacado de la biblioteca de mi pueblo. La edición era de pasta dura, con sobrecubierta, y lo tomé en préstamo justo el mismo día en que me saqué el carné. Iba con mi abuelo materno, que se estaba sacando el graduado junto a la biblioteca y mientras yo lo esperaba allí. Ese día cogí El maravilloso mago de Oz para leer allí y la historia me encantó. Tanto que no quería dejar de leer, así que mi abuelo me hizo el carné y pude llevármelo a casa. Desde ese día se ha convertido en uno de mis libros favoritos, tengo varias ediciones del mismo y no me canso de releerlo. Es tan importante para mí que próximamente me tatuaré algo que tenga que ver con él.
  • Los escarabajos vuelan al atardecer, de Maria Gripe. 
Es una historia que transcurre en Suecia, en verano, y sus protagonistas son tres adolescentes que cuidan las plantas de una casa donde no vive nadie y que está llena de misterios. La leí siendo muy jovencita y me enganchó a todo lo que tenía que ver con el misterio y la intriga. Después de él leí Carolin, Berta y las sombras, Agnes Cecilia y algunos más de otros autores. Sirvió para que toda la soledad que sentía en aquel momento no me afectase en absoluto y consiguiera ser feliz un caluroso verano.


  • Mujercitas, de Louisa May Alcott.
Es un libro que así de primeras puede resultar ñoño y cursi, pero que para la época cuenta con verdaderas revoluciones femeninas encarnadas sobre todo por el personaje de Jo. Narra la historia de cuatro hermanas que crecen durante la guerra de Secesión de EEUU. Fue otro de los libros que recuerdo sacar una y otra vez de la biblioteca y, además de leerlo, me pasaba las tardes intentando copiar sus ilustraciones. Recuerdo que al poco de leerlo por primera vez salió la película que interpretó Winona Ryder, así que debía ser realmente pequeña cuando la historia me enganchó.


  • Crónica de una muerte anunciada, de Gabriel García Márquez.
Fue el primer libro que leí del autor y lo hice por error y con unos 12 o 13 años. Creo que fue mi primer paso en la literatura adulta. Estaba con mis padres en casa de unos amigos suyos y me aburría enormemente, así que me metí en su biblioteca y cogí un libro que me llamó la atención. Mientras ellos reían y hablaban, yo leía el que se iba a convertir en uno de los libros que más me marcaron en mi transición a la adolescencia. Recuerdo la presión en el pecho y el dolor de estómago que me provocaba pensar en la historia de Santiago Nasar.


  •  Malena es un nombre de tango, de Almudena Grandes.
Malena no lo leí entero, no pude terminarlo. Lo agarré durante unas vacaciones de casa de mi tío mientras todos dormían la siesta y yo me aburría en el salón. Era demasiado pequeña para entender la historia de Malena y su familia y no fui capaz de seguir leyéndolo. Tardé varios años en entender que la historia de Malena no estaba hecha para aquel momento ni aquella edad, que la culpa no era de Almudena Grandes y que tenía que volver a intentarlo con ella. Gracias a un compañero de trabajo me he reconciliado con la autora, aunque sigo sin poder echar mano de este libro para terminarlo. Las escenas de sexo se me quedaron grabadas en la memoria y, aunque ahora me parezcan tonterías, con aquella edad no podía entender bien de qué me hablaban.


  • Harry Potter, la saga entera, de J.K. Rowling.
Cuando creía que la fantasía no sería nunca de mi agrado apareció Harry Potter y todo su ejército. Y, bueno, ¿qué más hay que decir? Me leí en días los primeros tres libros que cogí prestados de mi prima pequeña y luego me llevé años esperando con ansia a que salieran los siguientes. No tiene mérito, ya que es una de las sagas más famosas de la historia de la literatura, pero a mí me introdujo en un género que no conocía. HP nos ha dado mucho a varias generaciones y sólo por eso merece estar entre todos estos libros que me cambiaron la vida. Tengo pendiente releerlos, porque sólo lo he hecho con un par de ellos, y para eso tengo las 7 novelas en inglés esperándome... A ver cuándo, que se me acumula el trabajo.


  • It, de Stephen King.
Con 18 años me prestaron un tocho de tapas duras de un autor casi desconocido para mí. No había visto la película, no había leído mucho de terror y durante dos semanas se convirtió en mi mejor y mi peor amigo. Desde entonces he leído algo más de King, pero nunca nada me ha enganchado tanto como It. Me gustaría releerlo pero al mismo tiempo me da pereza, porque sé que no voy a volver a sentirlo como lo hice en aquel momento.


  • Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago.
No puedo ni describirlo. Podría decir que es mi libro favorito, pero me hizo sentir cosas tan diferentes a lo que había sentido hasta entonces que no sé ni por dónde empezar a explicarlo. No he leído nada más del autor, pero esta historia distópica se merece el premio Nobel. ¿Cómo se puede escribir tan bien? ¿Cómo se puede transmitir tanto con simples palabras? De una profundidad psicológica inigualable, Ensayo sobre la ceguera es la historia de la sociedad en la que no importan ni los nombres ni los diálogos, sólo las descripciones y la narración en sí. Es impresionante, aunque entiendo que no es un libro para todo el mundo. Se hace pesado en ocasiones, doloroso y asqueroso en otras, pero es tan importante para mí que cada vez que lo pienso me emociona. 


  • 1Q84, de Haruki Murakami.
A lo mejor fue de los primeros libros que leí del autor y, menos mal. Es largo, a veces tedioso, parece que no cuenta nada y lo cuenta todo. Ya sé que tiene detractores porque Murakami es así, ni siquiera es un claro exponente de la literatura japonesa porque mezcla mucho en sus obras, pero a mí me reconfortó muchísimo este libro. Lo leí en dos golpes y se me hizo hasta corto. A lo mejor no es un buen libro para empezar por el autor, pero de momento es el que más me ha gustado de él (ni mucho menos los he leído todos). 
Tiene algo de fantasía y algo de realismo mágico, su título hace referencia a 1984 de Orwell y es en ese año donde transcurre la acción, aunque hay una realidad "paralela" que es la de 1Q84. Tiene múltiples referencias a otros autores y a la música, algo que suele suceder en las historias de Murakami, pero ya os digo que para mí éste fue especial porque me condujo a otros autores japoneses y a otras obras del autor.


  • CDHYF, de George R.R. Martin.
Reticente estuve varios años hasta que, después de mucha insistencia por parte de amigos y pareja, me animé con el primero. Y, bueno, lo demás es historia xDDD
Juego de tronos lo devoré en día y medio. Así, sin dormir casi. Los demás costaron un poco más pero para nada me arrepiento de haber hecho caso a los pesados que insistieron. Gracias a Martin descubrí un género casi desconocido. Digo casi porque algo conocía, pero lo que conocía no me gustaba. Con esta saga la cosa ha cambiado y ahora tengo ganas de picarme con otros autores, aunque como me suele gustar un poco de todo lo voy dejando, lo voy dejando...


Y hasta aquí los diez que han salido. Podrían ser muchos más, la verdad, aunque no soy de leer más de 30 libros al año, ya son varios años leyendo... Ya sólo falta que el ritmo no pare, no pare, no xDDD



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